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Archive for the ‘Reflexiones’ Category

Valladolid y la arquitectura futurista

septiembre 9, 2011 Deja un comentario

Cuando era pequeño, vivía en otros mundos.

Con una pequeña nave espacial de juguete en la mano, una playa podía ser para mí un inmenso desierto de otro planeta, a la orilla de un mar de metano líquido. Solía hacer pirámides de arena, asociando futuro con pasado, y era puñeteramente feliz.

También me dedicaba a inventar edificios, utilizando cajas de plástico (de las que se usan para llevar botellas a los bares)como estructura, imaginando que eran en realidad amplias cristaleras que dejaban pasar la luz natural al interior.

Desde siempre, la relación entre ciencia-ficción y arquitectura me fascinaba. Sobre todo, solía asociar construcciones del estilo del Space Needle de Seattle, el Faro de Moncloa en Madrid (es decir, torres coronadas por ”platillos volantes”), con esos mundos futuristas que me gustaba imaginar.

Por eso me encantaba Valladolid. En la zona de Laguna de Duero, población natal de mi abuelo, hay algun que otro depósito de agua elevado, de hormigón armado, que se puede ver desde la carretera. Es una columna de concreto gris, coronada por un disco con forma de lente del mismo material: una gigantesca seta artificial en medio del campo.

Cuando veía el depósito, en medio de una tierra seca y árida como es la vallisoletana, creía estar en una suerte de mundo futurísta y ligeramente post-apocalíptico,una suerte de España del año 2058, en la cual se siguen oyendo guitarras  y comiendo migas, mientras los aerocoches cruzan el horizonte en fila india bajo un sol de justicia, y edificios de cuatro kilómetros de altura se recortan a lo lejos, emborronada su imagen por la distancia.

Categorías:Reflexiones

Un instrumento singular…

agosto 23, 2011 Deja un comentario

Seamos sinceros: el nombre ”zanfona”, o ”zanfoña”, no vende mucho. Suena extraño, como mínimo. Y si la madurez mental de uno no llega a ciertos niveles, suena hasta gracioso.

Decir viola de rueda, o zarrabete, o gaita rabil, o zamorana, o incluso lyra mendicorum, tampoco ayuda mucho.

En mi caso, y seguramente en el de cualquier amante del instrumento en cuestión, el nombre me da exactamente igual, es más, lo respeto y todo.

Pero confieso que, cuando alguien me coge con las manos en la gubia, dando forma a la voluta del clavijero, y me hacen la mortal pregunta:

-¿que es eso que estas fabricando?

todavía me da verguenza dar el nombrecito:

-es una zanfona

-una ¿que?

-zan-fo-na

-¿sanpona?

-no, no: ZAN-FO-NA

-¿ZANFONA?¿Y ESO QUE ES?

A partir de ahí, dependiendo de la curiosidad del interesado, desmenuzo verbalmente los entresijos de esta bella obra de ingeniería medieval, o lo resumo malamente para librarme de el. Y si es de los fisonomistas, experto en encontrar parecidos, te fusilará con:

-Ah, claro. Es como un organillo,¿no?

Pum.